lunes, 7 de septiembre de 2015

Visita al embalse del Boquerón (CC).


Nueva jornada, nuevo embalse. 


     No sé si algunos de los que leéis este blog, nacionales y foráneos, habéis caído alguna vez en la cuenta, de la extensión que ocupa la comunidad autónoma de Extremadura, lugar habitual de mis observaciones, y donde resido. Pues bien, con un total de más de 41.500 km2, es equivalente en tamaño a los Países Bajos por ejemplo, esto es, a la suma de Bélgica, Holanda y Luxemburgo. Si a esto sumamos una densidad de población baja, algo más de 26 hab./km2 (no digamos ya la densidad de ornitólogos por km2...), no resulta difícil suponer, que es todo un desafío recopilar información (y mantenerla actualizada) sobre las especies de aves presentes en semejante territorio, invernantes, estivales, reproductoras, etc. Existen multitud de zonas, de las que nunca se aporta dato u observación alguna. A veces (muchas), cuando planifico las sesiones de campo, uno tiene la sensación de ser poco menos que un explorador en tierras mucho más lejanas y exóticas. Esta necesidad, entre otros muchos motivos, es uno de los que me impulsa continuamente a visitar zonas que desconozco, con el ánimo de cubrir tanto territorio como pueda. De ahí, por ejemplo, la jornada que viene a continuación, el embalse del Boquerón (CC), lugar que no había visitado anteriormente. 

     Esta discreta porción de agua, que precisamente no es ni mucho menos de las más recónditas (dista unos pocos kilómetros de la autovía A-66), tiene fáciles accesos, e incluso un camino perfectamente transitable que rodea todo el embalse (mejor en vehículo todo terreno, claro). No parece haber impedimentos por parte de particulares, o propietarios, para poder visitarlo. Está bastante limpio en sus orillas, sobre todo comparado con algunos otros. Existe incluso algún observatorio para aves, y mucho junco y vegetación en las orillas, ideal a priori para albergar muchos tipos de aves...





Llegada. 


     Ocho de la mañana y ya encaraba con Agustín, mi compañero de jornadas, la pista de jirones de asfalto que comenzaba a rodear el embalse. Al poco de tomarla, un panel informativo, nos confirmaba que estábamos en el buen camino, es más, informaba incluso del observatorio de aves antes mencionado, a poco más de un kilómetro. 


Panel informativo, observatorio cercano.



     Trescientos metros más adelante, nos paramos junto a una gran cancela. Ya teníamos la cola del embalse en línea de visión, a cosa de unos cien metros a nuestra izquierda. Cogimos la óptica y hacia allí nos dirigimos. Todavía estábamos pegados al vehículo cuando nos sobrevolaron a escasa altura, una treintena de ruidosos Abejarucos (Merops apiaster), que se dirigían hacia el sur (la llamada de África). Entre las Encinas (Quercus ilex) a nuestro alrededor, ya se hacían notar algunos Rabilargos (Cyanopica cyanus) en pequeños grupos. Camino de la orilla, desde la poblada senda, pudimos escuchar al Cetia Ruiseñor (Cettia cetti), como siempre, de los primeros en "descubrirse". Nada más llegar, recorrimos con avidez, prismáticos en mano, ambas orillas. Algo decepcionados, sólo pudimos observar una solitaria Garceta C. (Egretta garzetta), un Andarríos Grande (Tringa ochropus), que salió algo despavorido hacia las Encinas a nuestra espalda, y una pareja de Ánades Azulones (Anas platyrhynchos), bastante tranquila en mitad del agua. De vuelta al vehículo, alguna Tarabilla C. (Saxicola torquata) "chasqueaba" en lo alto de los arbustos cercanos, lo mismo que los Trigueros (Miliaria calandra), en unos Almendros próximos.


Cola del embalse, nada más llegar.




Observatorio. 


     Tras reanudar la marcha, nos volvimos a detener tras un tramo salpicado de más y más baches. No había más remedio. El embalse había engullido parte de la antigua carretera, y no permitía avanzar en esa dirección. Sí bordeando nuevamente el agua, a través de un camino a nuestra derecha. Pero antes, encontramos el observatorio al que hacía referencia el panel informativo del inicio. Tenía buen aspecto. De hecho yo creo que estaba intacto. No me extraña. Estaba cerrado a cal y canto. Sin ninguna indicación exterior que explicase cómo poder hacer uso del mismo. No veo qué utilidad puede tener así...


Observatorio junto al agua.



     El lugar ciertamente, tenía buenas vistas. Desde el mismo, se divisaban tanto el recodo por el que veníamos a nuestra izqda., la presa que retenía el agua al frente y un nuevo recodo a nuestra derecha, a priori igual de interesante que el primero. De manera que aprovechamos la ocasión para revisar ambas orillas y el entorno.

   Las primeras en aparecer justo en frente fueron un grupito de Urracas (Pica pica). Picoteaban el suelo ruidosamente, no para beber principalmente, quizás buscando pequeños insectos. Había bastantes, lo cual hacía doblemente imposible que pasasen desapercibidas. Lo mismo que sus parientes los Estorninos Negros (Sturnus unicolor), también abundantes pero aislados.    


Urracas (Pica pica) en la orilla.
     


     No tardó en aparecer un Martín Pescador (Alcedo attis) hacia el fondo del recodo a nuestra derecha, inconfundible en su chillido, vuelo recto y azul. Tras él, observamos algunas otras aves que también esperábamos por las orillas, un Andarríos Chico (Actitis hypoleucos) y un Chorlitejo Chico (Charadrius dubius), recorriendo incansables el barro a pie de agua. 


Andarríos Chico (Actitis hypoleucos), cercano a nosotros.



    No creo que tardásemos mucho en preguntarnos por las gaviotas, cuando cuatro de ellas, Gaviotas Reidoras (Chroicocephalus ridibundus) para más señas, hicieron aparición a media altura sobre el agua. Dos de ellas eran adultas, y las otras dos inmaduras. Recorrieron el curso del agua innumerables veces, en bucle casi infinito, hasta que al cabo de un rato, alguna terminó posándose junto a la orilla de enfrente.



Gaviota Reidora, adulta (Chroicocephalus ridibundus).


Gaviota Reidora, inmadura (Chroicocephalus ridibundus). Foto: Agustín Giraldo.



     El resto de aves que pudimos observar a nuestro alrededor antes de continuar, fueron las siguientes: Carbonero C. (Parus major), entre los arbustos cercanos al agua. Un único Alcaudón Real (Lanius excubitor), sobre un pequeño poste metálico en las tierras de labranza cercanas. Cogujada C. (Galerida cristata), en la misma zona. Alguna Tarabilla C. (Saxicola torquata) más, muy omnipresentes en el día. Aviones C. (Delichon urbicum) sobrevolando el agua, muy contados a estas alturas ya del verano, y finalmente pudimos oír en las proximidades un Busardo Ratonero (Buteo buteo), sin llegar a verlo.



Tarabilla C. (Saxicola torquata), en los arbustos cercanos. Foto: Agustín Giraldo.





Siguiente tramo. 


     Continuamos por nuestra derecha, superando el recodo de agua que habíamos pasado buen rato observando, para terminar al otro lado de la orilla, donde la carretera continuaba tras superar el agua del embalse. Llegamos a un punto increíblemente similar al anterior: la carretera se perdía dentro del agua, continuando como a ciento cincuenta metros después, y teníamos a ambos lados, sendas vistas extensas de agua. 

   Mirando el reloj, once de las mañana, ya echábamos de menos las rapaces, sobre todo las grandes. Dicho y hecho. Una visual del horizonte, sobre todo al frente, donde se divisaban algunos grandes roquedos, principio de la sierra de San Pedro, nos permitió descubrir algunas decenas de siluetas enormes, "cicleando" en torno a estos. Como un centenar de Buitres Leonados (Gyps fulvus) serían los que pudimos vislumbrar más o menos durante la jornada. Pero en particular, justo antes de movernos, se nos acercaron muy lentamente, desde esa dirección y a gran altura, una pareja de Buitres Negros (Aegypius monachus), que tras dar algunas vueltas sobre el agua, se dispersaron hacia la presa. En ese punto, pocas aves más pudimos ver, salvo alguna Tórtola Turca (Streptopelia decaocto), en un gran árbol seco a nuestras espaldas, y una Garza Real (Ardea cinerea), muy lejana y más abajo, en la orilla opuesta.


Buitres Negros (Aegypius monachus), sobre el agua, aproximándose.


  



Hacia el último tramo. 


     Cuando decía que era preferible usar vehículo todo terreno para movernos, no lo decía en balde. Como a mitad de la distancia que nos separaba del extremo del embalse al cual nos dirigíamos, entrada del arroyo de La Mogollona, tuvimos que dejar el vehículo porque había un punto del camino con grandes surcos en el firme, realizados seguramente en la época de lluvias por otros vehículos, y preferimos no arriesgar con el nuestro. De manera que cargamos con parte del material, y optamos por recorrer a pie los trescientos metros que quedaban para llegar al final. 

     Para empezar, poco antes de dejar el vehículo, junto a una gran encina, nos salieron al paso cuatro Abubillas (Upupa epops), inéditas hasta ese momento. Pues bien, quizás hubiésemos recorrido cosa de cien metros, cuando el cielo empezó a cubrirse de rapaces. De todas partes llegaban Buitres Leonados (Gyps fulvus), no en gran número, pero sí en constante goteo. Apareció otra pareja de Buitres Negros (Aegypius monachus), a una altura considerable, y a cámara lenta. También una pareja de Culebrera Europea (Circaetus gallicus), en fechas de abandonarnos ya mismo. Y como siempre, para dejarnos con la incógnita, observamos otra rapaz, a gran altura, que no terminamos de identificar del todo, y que apuntaba a un Abejero Europeo (Pernis apivorus). Lástima, ni las fotos nos sacan de dudas.

Pareja de Culebrera Europea (Circaetus gallicus).



     Ni que decir tiene que los últimos metros los recorrimos mirando sin parar el cielo, esperando alguna nueva sorpresa. Sin embargo, no tuvimos mayor suerte y llegamos al final del embalse sin mayores novedades. Cuando llegamos a este punto, no encontramos nada en la orilla, y eso que al ser una zona de muy poca profundidad, era muy propicia para limícolas, por ejemplo, garzas, etc. El camino desde el que se llega, está bastante más alto con lo cual hace las veces de improvisado mirador. Sin duda el lugar debe de ofrecer bastante más de lo que nos dio, pero quizás a otras horas (al anochecer) y otros días (domingos no, por ejemplo). Aún así, aprovechamos para descansar en un par de Encinas cercanas, teniendo a vista el agua. Y no tardamos en tener algo de premio. Una Garceta Grande (Egretta alba), se posó y estuvo algún tiempo alimentándose. También apareció graznando una pareja de Cuervos (Corvus corax), prácticamente en línea recta hacia nosotros. Lo mismo que un vehículo todoterreno, que pasó hasta dos veces en poco tiempo por la zona. Definitivamente, los domingos no es el mejor día.



Garceta Grande (Egretta alba).


El compañero Agustín. Final del embalse.



Vuelta al vehículo y fin de jornada. 


     En el camino de vuelta, estuvimos especialmente atentos a las Encinas situadas a nuestra izquierda, con el fin de anotar algunas insectívoras más. Me parecía que nos quedábamos algo cortos ese día, si no prestábamos algo más de atención a las especies de vuelta o en paso post-nupcial. Y no fue gran cosa lo que pudimos ver. Currucas Cabecinegras (Sylvia melanocephala), que han estado presentes todo el verano, allá donde hemos ido. Las Calandrias (Melanocorypha calandra) se escuchaban a nuestro alrededor. Algunos Mirlos C. (Turdus merula), daban saltitos en el suelo, y una pareja de Palomas Torcaces (Columba palumbus) volaron raudas a poca altura entre los árboles. 

      Sin embargo, y como suele pasar, estando ya junto al vehículo, no quisimos dejar de pasar la ocasión de echar un último vistazo por el agua. Y todavía pudimos observar algunas aves más. Una nueva Garza Real (Ardea cinerea), yacía impávida a poco del agua, en la orilla opuesta. Había llegado un grupo de cinco Ánades Azulones (Anas platyrhynchos), hembras y machos, e incluso una solitaria Avefría (Vanellus vanellus), preludio de las que están por llegar. Y como colofón, a pocos metros de nosotros, entre los arbustos, pudimos ver y oír esta jornada también, un nuevo Mosquitero Musical (Phylloscopus trochilus), señal inequívoca de su inminente paso en masa por nuestro territorio, camino de África.


Fin de jornada.



Maniola jurtina.


     Esta es mi propuesta. En cada nueva sesión de campo, no deberíamos dejar de perder la ocasión, no sólo de aprender algo nuevo del entorno aparte de nuestras aves, sino también de poder documentarlo. En resumidas cuentas, ¿por qué no aprovechar doblemente la jornada, y a la par que "pajarear", tomar notas/fotos de todo lo demás? Haciendo un pequeño inciso, os sorprendería saber lo poco que se toman en serio las administraciones públicas, el estudio de la fauna/flora en su territorio, desconociendo variedades, poblaciones, etc. Pues bien, en otras ocasiones, he fotografiado para su posterior identificación algunos reptiles, como lagartijas, otras veces plantas, setas, frutos silvestres... Esta vez, vuelve a ser una mariposa que me sorprendió cuando descansábamos al final del trayecto. Resultó ser un ejemplar de Mariposa Loba (Maniola jurtina), de la que, por suerte, pude obtener alguna instantánea antes de dejarnos. Una más que pasa a engrosar, mi propio álbum de lepidópteros regionales. ;-)

Mariposa Loba (Maniola jurtina).


Todas las fotos de la jornada aquí.



lunes, 31 de agosto de 2015

Embalse de Valuengo (BA).


Situación. 


    Como siempre, para orientarnos un poco, el embalse de Valuengo, al suroeste de la provincia de Badajoz, y al que da nombre la cercana población del mismo nombre, es el resultado de represar el río Ardila, uno de los afluentes principales del río Guadiana. Con una capacidad de unos 20 hm3, se encuentra rodeado de infinitas dehesas y montes suaves, hasta donde la vista alcanza

     Siguiendo la norma "pajarera" de buscar lugares tranquilos y alejados de la presencia y actividad humanas, mi compañero Agustín y yo mismo, desistimos desde el inicio de acceder a sus orillas desde la presa. Siendo domingo, no se podía esperar otra cosa que multitud de personas llegando constantemente para pasar el día. Por lo cual decidimos, en contraposición, pasar nuestra primera visita por la zona, rastreando la orilla opuesta, esto es, la entrada del río Ardila al embalse. Mirando un mapa satélite cualquiera, el acceso a dicha zona no parecía ni fácil ni claro. Sólo encontré indicios de un trayecto viable, partiendo desde la cercana población de Burguillos del Cerro, y suponía adentrase por caminos cosa de seis kilómetros. Para nuestra desgracia, no poseemos precisamente vehículos todoterrenos. En días así, el componente de aventura que tienen las escapadas, tiene un peso más que importante, como así fue esta vez...




Resolviendo la incógnita del acceso. 


    Partimos de casa a las siete de la mañana. Los días previos, el clima había sido hasta suave a estas alturas del verano, como de unos treinta grados de máxima, pero hoy se esperaban hasta treinta y cinco grados. Cómo no, qué afortunados... Llegar hasta Burguillos del Cerro (cuyo castillo es una auténtica maravilla), no supuso problema alguno. Tras atravesarlo, buscamos a las afueras el comienzo de la pista de tierra que ya nos llevaría sin pérdida, hasta la cola del embalse. En dicho punto, encontramos el panel informativo de una ruta senderista que se cruza con nuestra pista, "Sierra del Cordel", sendero local (SL) PR-BA 154. Es un ruta circular que se desvía inmediatamente a la derecha de nuestro camino. 


Panel informativo de comienzo de ruta senderista.



     Seguimos de frente. El acceso era ancho y firme, nada de tierra suelta, con base de piedras, por lo que acceder en invierno tras las lluvias, no debe de resultar imposible, y está bien "escoltado" por muros de piedras y alambradas. A mitad de camino más o menos, se estrechó y el firme se hizo algo más irregular. Tras el último tramo, llegamos al punto donde deberíamos abandonar el camino por el que veníamos, y tomar otro en línea recta el agua, que ya sólo quedaría a unos doscientos metros. Pero entonces... la "sorpresa" (bueno, no tanta). Una cancela y un cartel, informaban de que era un camino privado e impedía el acceso. Decidimos seguir adelante por el mismo camino que veníamos. Yo había comprobado el día anterior, preparando la ruta, que más o menos llevaba al mismo punto del agua, pero tras dar un pequeño rodeo. Cien metros más adelante, otro cartel y otra cancela, impedían el paso totalmente. Ya no había otra posibilidad. Vuelta atrás. No nos moveríamos más de doscientos o trescientos metros regresando, cuando encontramos un vehículo bloqueando el camino. Un hombre de unos cincuenta años, se encaminaba al mismo desde una parcela cercana. Algo ya cansados, tras hora y media desde que salimos de casa, nos bajamos y tan pronto lo tuve a pocos metros, le pregunté tras darle los buenos días, que cómo *** se podía acceder a la orilla del embalse desde aquí, si el camino (que yo imaginaba de todas todas, era público) estaba bloqueado por cancelas. La casualidad esta vez, quiso que él fuera uno de los propietarios de las tierras por las que queríamos pasar, y tras explicarle nuestras intenciones, nos permitió pasar, explicándonos además, que al poco el camino se vuelve poco menos que impracticable, sobre todo para nuestro vehículo. De manera que volvimos al mismo tras darle las gracias. Nuevamente a los pies de la cancela en cuestión, pasamos, cerramos, y efectivamente poco después tuvimos que dejar el vehículo al margen. Ocho y cuarenta y cinco de la mañana.  El sol ya caldeaba el aire de lo lindo, y ni siquiera habíamos desenfundado los prismáticos a esas horas. 

     Si me he extendido algo de más en esta parte, es porque quiero poner de relieve un hecho más que frecuente en nuestros campos. Muchos propietarios de terrenos y parcelas, se "adueñan" de caminos que son de titularidad pública. Antiguas cañadas, calzadas, etc. por distintos intereses que no vienen al caso. De manera que puede haber días como estos, en los que después de mucho planificar, puede que te tengas que volver sin una sola explicación, y con cara de bobo. En otras ocasiones, los hay que simplemente, te indican que cierres la cancela tras pasar (a veces hay ganado suelto). Y otros que te llegan hasta a intimidar, insultar, hay perros sueltos, etc. Lo que dije antes, toda una aventura.




Primeros pasos.


    Ávidos de comenzar ya por fin la jornada, nos dirigimos en línea recta y a buen paso, hacia donde se adivinaba el agua. A nuestra derecha y a unos quinientos metros, en lo alto de una pequeña loma, había un cortijo de grandes dimensiones de donde más o menos provenía el sonido de un Mochuelo (Attene noctua), que pasaba a ser el primero en la lista de especies del día. El terreno estaba densamente poblado de Retama Negra (Cytisus scoparius), un arbusto por el que tienen auténtica debilidad las currucas, tarabillas y otras insectívoras menudas. Entre ellas, pudimos ya observar algún que otro Herrerillo C. (Cyanistes caeruleus), y las eternas Currucas Cabecinegras (Sylvia melanocephala). Tras el primer centenar de metros recorridos, ya vislumbramos algo de agua y verdor hacia la derecha. Echando un vistazo con los prismáticos, descubrimos en la orilla tres ejemplares de Cigüeña Negra (Ciconia nigra), y otras cuatro volando cercanas a ellas!!! Bueno, aquello hizo espolearnos aún más. Menudo comienzo. 


Cigüeña Negra (Ciconia nigra) sobrevolando la zona.



     Según nos íbamos acercando al agua, veíamos diseminados por todo el suelo, multitud de excrementos grandes y aplastados, inconfundibles. De manera que para agregar emoción al día, tendríamos que estar ojo avizor con el ganado vacuno. Y por fin llegamos al borde del agua. En la orilla de enfrente, efectivamente algunas reses rojizas pastaban tranquilamente. No se veía ninguna por nuestra parte, pero eso tampoco nos tranquilizaba demasiado. El cauce del río Ardila en ese punto estaba casi muerto, y era la suma de varias charcas verdosas más o menos extensas, nada de agua corriendo. A nuestra derecha, se extendía toda la depresión del embalse, con más tierra que agua. Se adivinaban algunas garzas a lo lejos. A nuestra izquierda, y a cosa de doscientos metros, teníamos los límites del embalse. Y por allí decidimos empezar a rastrear las orillas.



Vista a dcha. El embalse continúa hacia el fondo.


Vista a izqda. Comienza el embalse y entrada del río Ardila.



La orilla, a exámen.


    Ya desde la distancia, se adivinaban algunas aves de cierto tamaño. El telescopio terrestre nos permitió identificar una solitaria Garza Real (Ardea cinerea), un casi escondido ejemplar de Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo) y una Garceta Grande (Egretta alba), un tanto esquiva. Cerquita de nosotros, una pareja de ruidosos Andarríos Grandes (Tringa Ochropus), se posaban de forma intermitente por ambas orillas, picoteando en la tierra. El diminuto e inconfundible Martín Pescador (Alcedo attis), también hizo acto de presencia, volando recto, cual torpedo azul, a ras de agua desde unas ramas cercanas hasta las piedras más alejadas. Por ese mismo lugar, tres Garcetas Comunes (Egretta garzetta), se alimentaban con total tranquilidad. La escena la vino a completar una de las varias Cigüeñuelas (Himantopus himantopus), que luego también pudimos observar. Típicamente, llegó con ese vuelo indeciso y trompeteando, y se posó próxima a la orilla. Por último, los menudos Chorlitejos Chicos (Charadrius dubius), recorrían las piedras con ese andar a ráfagas tan peculiar...


Cigüeñuela (Himantopus himantopus).


Chorlitejo Chico (Charadrius dubius) entre las rocas.



     Nos empezó a llamar la atención, bastante movimiento de pajarillos en los arbustos de la isleta que teníamos en frente. Efectivamente, un árbol muerto de ramas desnudas, dejaba al descubierto una Tarabilla Común (Saxicola torquata), un macho, que entraba y salía de los arbustos cercanos. Una pareja de Mirlos Comunes (Turdus merula), también salían de entre el follaje, para beber discretamente en la orilla, dando saltitos en el terreno. Un Cetia Ruiseñor (Cettia cettii), se dejó escuchar, que no ver, para variar. Algún que otro Jilguero (Carduelis carduelis), no especialmente abundantes, acompañaban a la Tarabilla en su emplazamiento. Todavía escudriñábamos los densísimos y altos arbustos, cuando vimos un ave diminuta, de colores verde y amarillo, muy inquieta, que no tardó en identificarse al cantar. ¡Un Mosquitero Musical (Phylloscopus trochilus), el primero que veíamos en paso post-nupcial, en su viaje de regreso a África! Lo tuvimos algunos minutos en línea de visión, saltando de rama en rama intranquilo, como suele ser habitual en ellos. Un último vistazo por la zona, antes de movernos, nos permitió anotar además algunos ejemplares de Golondrina Común (Hirundo rustica), Avión Común (Delichon urbicum), así como una única Golondrina Dáurica (Cecropis daurica), todos ellos en puertas de irnos abandonando también por África en fechas próximas, después del período de cría aquí en la península Ibérica.




Cambiando de lugar.


    Mirando el reloj, ya nos aproximábamos a la media mañana. Entre lo tarde que nos incorporamos, y lo mucho que nos paramos en ese primer tramo, la jornada iba camino de terminar sin haber cubierto más territorio, ni más metros de orilla. Hablando de hora, ya sí que era momento de que apareciesen las rapaces. Oteando el horizonte, efectivamente un poco a la derecha del nuestra propia orilla, sobre unos altos y aislados eucaliptos y a cosa de doscientos metros, aparecieron los primeros ejemplares de Buitre Leonado (Gyps fulvus), dando vueltas en círculos, muy lentamente. A estos le siguieron otros tantos que no tardaron en aparecer, sumando cerca de una veintena, que llenaron el cielo por momentos a distintas alturas. Esto ya empezaba a casar con lo esperado. Pero además, desde más allá de la otra orilla, muy lenta pero firmemente, una silueta blanquecina, con un ligero barrado, se dirigió hacia nosotros para lucirse, dándonos tiempo a disfrutar y a tomar algunas buenas instantáneas. Una Culebrera Europea (Circaetus gallicus), rapaz que también nos dejará en breve, tomando el mismo camino que mosquiteros, golondrinas, etc.

Uno de los muchos Buitres Leonados (Gyps fulvus).

Precioso ejemplar de Culebrera Europea (Circaetus gallicus).


     Llevábamos ya rato notando cierta algarabía en un par de enorme higueras cercanas a nuestra posición, pero no terminábamos de ver las aves con claridad. Prestando algo más de atención, resultaron ser un grupito de entre quince o veinte Estorninos Negros (Sturnus unicolor), que no paraban de acosarse ruidosamente. Antes de volver a movernos para avanzar, empezamos a escuchar cómo se aproximaba una bandada. Un sonido inconfundible y familiar. Y al poco los tuvimos encima. El cielo se volvió multicolor. Entre setenta y ochenta Abejarucos (Merops apiaster), se detuvieron sobre nosotros, volando en todas direcciones. Yo creo que vinieron a despedirse antes de irse a África, Agustín.
     
Abejarucos (Merops apiaster) en su camino a África.


Última parada.


    No quisimos irnos sin avanzar un poco más, sin echar un vistazo por la zona donde nada más llegar, vimos desde lo lejos las Cigüeñas Negras. Y efectivamente, sobre las encinas de la margen derecha, otro grupo de ellas fue tomando altura, para después alejarse hacia el embalse. En total, quizás fuesen unos veinte ejemplares los observados durante la jornada. Previsíblemente, estaban también agrupándose para emprender su inminente viaje al sur.

     Ya desde esta última posición, pudimos observar sobre una pequeña isla en mitad de lo que quedaba del embalse, una pequeña concentración de Garzas Reales (Ardea cinerea), así como cinco Espátulas (Platalea leucorodia). También algunas gaviotas, pero de improbable identificación debido a la gran distancia. Un par de Abubillas (Upupa epops), cruzaron desde las encinas hacia el agua, para quedarse picoteando entre las piedras del cauce. Y curiosamente, los últimos en aparece fueron los vencejos. Mientras miraba a los lejos con la óptica, hacia las garzas, no había reparado en que un par de Vencejos Pálidos (Apus pallidus), no paraban de dar vueltas rápidamente a muy poca altura sobre las copas de dos grandes encinas cercanas y nuestra posición, en un circuito-triángulo que no parecía tener fin. No terminaba de entender tal comportamiento. Y finalmente, como colofón a la jornada, a más altura por encima de ellos, algunos Vencejos Comunes (Apus apus), volaban mucho más lentamente, cruzándose sin rumbo aparente, como intentando decidir en qué instante partir hasta la próxima primavera.

Garzas Reales en mitad del embalse.

Vencejo Común (Apus apus). Inminente partida al sur.


Todas las fotos de la jornada aquí.






domingo, 9 de agosto de 2015

Ecoparque de Mérida (BA).


Paradoja y eufemismo.


     Nuevamente, mi propuesta vuelve a ser un lugar donde observar aves de forma fácil. Los vertederos y basureros de nuestros pueblos y ciudades, ofrecen a las aves en particular, y a muchos animales en general, sustento fácil y constante durante todo el año. Es por eso que suelen ser asiduas visitantes, criando incluso en sus cercanías si el entorno lo permite: postes, torretas, edificios, etc. Siempre me ha parecido una maravillosa paradoja, que en semejantes lugares puedan tener cabida sin embargo, tanta vida e inesperados espectáculos de gran belleza. Muchas veces son decenas, cientos y hasta miles de individuos de múltiples especies, los que allí se concentran. Cigüeñas, Garcillas, Gaviotas, Milanos, etc. Son sus huéspedes más frecuentes, pero no los únicos. Según la época del año, varían en número y comportamiento, algo también a tener en cuenta y que tiene su explicación, como veremos más adelante.

     Este Ecoparque que visité, tiene además la triste "suerte" (a mi parecer) de estar en un entorno privilegiado. Y digo "suerte" porque eligieron como emplazamiento, un terreno que colinda con una zona ZEPA, la de las "Sierras Centrales y Embalse de Alange", de gran valor ornitológico, y muy próximo a unos grandes roquedos, a lo que además hay que sumar una bodega, con lo cual, las molestias ocasionadas por la presencia humana, maquinarias, vehículos, ruidos, etc., son constantes. Y un apunte más. No habrían podido escoger mejor eufemismo que la palabra Ecoparque, para describirlo. Dicho así, suena a algo realmente "verde", "reciclador", etc. y realmente lo que allí se hace, no tiene nada ni de lo uno, ni de lo otro. Yo mismo he visto cómo los vehículos utilizados para la recogida en las ciudades, llegan y directamente descargan sobre el solar, para luego, con otra maquinaria extender los restos. ¿Qué puede tener eso de "eco"?
     


Recorriendo todo el perímetro.

          No penséis ni mucho menos, que cuando digo visita al Ecoparque, se trata de patear entre la basura. Está claro que eso quitaría las ganas a cualquiera. Ciertamente no. Las instalaciones están valladas, y por seguridad no creo que dejasen entrar a nadie, ni en estas ni en ninguna. Ni falta que nos hace. Desde el camino circundante, podemos ver perfectamente todas las aves sin mayor complicación. Este fue el trayecto seguido:


Recorrido de la jornada.

          

     En este caso, como ya hemos comentado, debido a la excepcional situación de estas instalaciones, pude disfrutar durante la primera mitad del trayecto sobre todo, del enorme roquedo que tenía a mi izquierda (Sierra de La Moneda, llamada así debido a un antiguo asentamiento romano donde se fabricaban monedas). Y por supuesto de todo el maravilloso bosque mediterráneo que lo circundaba, encinas, alcornoques, jaras, etc. De manera que en dicho margen izquierdo, podía observar las especies típicas de este ecosistema, y en la margen derecha, las que me proporcionaba el ecoparque. De ahí, que la lista de especies obtenida, sea una mezcla un tanto especial, pero totalmente lógica por otro lado:

- Buitre Leonado (Gyps fulvus) (15 aprox.). Procedentes del roquedo, claro.
- Abejaruco (Merops apiaster). Individuos sueltos.
- Golondrina C. (Hirundo rustica).
- Mirlo C. (Turdus merula). Entre las jaras y encinas.
- Cigüeña C. (Ciconia ciconia). Entre 100 y 150 ejemplares. Basurero.
- Garcilla Bueyera (Bulbucus ibis). Unas 20 aprox. Basurero.
- Milano Negro (Milvus migrans). Unos 50 aprox. 
- Estornino Negro (Sturnus unicolor).
- Buitre Negro (Aegypius monachus) (3). Procedentes del roquedo, también.
- Golondrina Daurica (Cecropis daurica) (1).
- Rabilargo (Cyanopica cyanea). Encinas y jaras.
- Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala). La dueña absoluta de las jaras.
- Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris).
- Alcaudón Real (Lanius meriodionalis) (2). Llanos cercanos.
- Garza Real (Ardea cinerea) (2).
- Águila Calzada (Aquila pennata) (fase clara) (1). Llanos cercanos.
- Herrerillo C. (Cyanistes caeruleus).
- Gaviota Sombría (Larus fuscus) (1). Basurero.
- Palomas sp. Basurero. Tejado de los edificios.



     Hay algunas especies, que por su abundancia y comportamiento, merecen que nos detengamos un poco más en ellos.



Milano Negro (Milvus migrans).

     Como en su propio nombre científico se indica (migrans), el Milano Negro es una rapaz que viene de África para criar en estas tierras, allá por el mes de febrero, y está con nosotros hasta septiembre más o menos. Aunque suele ser un usuario habitual de los vertederos durante ese tiempo, lo cierto es que antes de la migración, comienzan a agruparse en gran número en estos vertederos, hasta que un buen día, deciden iniciar su viaje de regreso. De ahí, la gran cantidad de ejemplares en este lugar y en estas fechas, la que más en todo el año en este lugar. Fue todo un espectáculo poder ver tantos ejemplares a la vez volando en círculos, posados en las torretas eléctricas cercanas, junto a los escombros, etc. Además, no son infrecuentes los picados, vuelos acrobáticos, persecuciones y enfrentamientos entre ellos por algún resto, como los que yo pude observar allí mismo... ¡La diversión está asegurada!


Milanos Negros (Milvus migrans) posados en una torreta eléctrica cercana.





Cigüeña Común (Ciconia ciconia).

     De nuestra querida Cigüeña Común, emblema de la región de Extremadura, podemos decir que su comportamiento en este lugar, es bastante similar al del Milano Negro, si bien en número los superan con creces. Esto es, como ellos, llegan de África quizás algo antes, pero crían en fechas parecidas. Para julio, la práctica totalidad de los pollos, ya vuelan. E igualmente en estas fechas, se reúnen por decenas  y centenas en estos vertederos, antes de iniciar la vuelta a África, en impresionantes concentraciones, volando en círculos ("cicleando") en su vertical o zonas próximas, a veces hasta grandes alturas, muy visibles desde la distancia. 

     En concreto en este basurero, el comportamiento que vengo observando, y que se repite día tras día hasta su partida, podría sintetizarse del siguiente modo: Con las primeras luces del día, desde la dirección NE, hay un constante goteo de ejemplares que llegan a media altura. Pasan el día alimentándose entre los restos. A veces, remontan el vuelo, "cicleando" en gran número, como ya hemos comentado. Y finalmente, con las última luces del día, vuelven a los lugares donde pasan la noche, en continuo goteo, tal y como vinieron. En invierno, sin embargo, he podido comprobar, cómo después de pasar el día en este área, se reúnen en unas charcas cercanas situadas hacia el este, en donde pasan la noche agrupadas en su centro.

     Una última nota a destacar: recientes estudios nos han enseñado, que son los ejemplares más jóvenes sobre todo los que emigran, quedándose aquí una pequeña parte de la población. De ahí que podamos ver algunos de ellos también en invierno.




Buitre Leonado o Común (Gyps fulvus).

     Aunque no es ni mucho menos infrecuente ver Buitres en esta zona (más bien todo lo contrario), lo cierto es que desde hace unos años para acá, son algunas decenas los que no suelen faltar a "veranear" en los cercanos roquedos. En estas fechas, y a primeras horas del día, podemos verlos estáticos entre las rocas, no siendo hasta un par de horas después de amanecer (si no más), cuando deciden echar a volar. A partir de entonces, sobrevuelan toda la zona, tanto sierras y pastos cercanos, como ecoparque, entremezclándose con Milanos, Cigüeñas, Garcillas, etc. 

     Tan pronto pasa el verano, sin embargo, e inexplicablemente, la zona es abandonada por la inmensa mayoría, dejando incluso de pasar la noche en la cercana sierra. En primavera, visité algunas veces el lugar, con la esperanza de que algún año los Buitres aniden, sin éxito que yo sepa hasta ahora. Desconozco las razones. 




Buitre Negro (Aegypius monachus).

     Desde luego, lo mejor de la visita fue poder tener hasta tres ejemplares de esta especie, a poco más de diez metros sobre mi cabeza durante laaaaargo rato. En ninguno de ellos observé etiquetas de anillamiento. Una pena porque las hubiera podido leer sin problema alguno. Y es que nada más llegar, apenas amaneciendo, pude ya pude constatar la presencia del primero de ellos, en la copa de una encina lejana, a la derecha y más abajo de los roquedos. Durante la mañana, aparecieron los otros dos juntos, y pude observarlos a todos dando vueltas sobre los escombros, e incluso posados en el suelo. 

     Lo cierto es que no son una sorpresa para mi (en este lugar). Ya el verano anterior, pude observar alguno que otro exactamente en el mismo sitio. La suerte es que este año, se ha incrementado el número. Y tal y como ocurre con los Buitres Comunes existentes, estos también sólo son huéspedes en verano, desapareciendo también tan pronto acaba la estación, y volviendo ya sólo de manera esporádica.


Buitre Negro (Aegypius monachus).


Buitre Negro (Aegypius monachus) sobre el vertedero.




Fin de jornada.

     Resumiendo. Aunque la visita no pudiera parecer especialmente agradable a primera vista, no ya a este, sino a cualquier otro vertedero, la seguridad de saber que podremos encontrar sin dificultad gran número de aves, bien merece la pena, sobre todo en ciertas épocas del año, donde se acumulan por cientos o miles. Un buen lugar además, donde practicar identificación guía en mano de Gaviotas, por ejemplo, más abundantes en invierno, y otro tanto ocurre con la Fotografía. Existen multitud de posibilidades... 



lunes, 27 de julio de 2015

Río Guadiana, cerca de Lobón (BA).


Donde hay agua, hay vida. 


     Qué gran verdad. En esta zona tan seca de España, en pleno verano, y con este calor, quien tenga intención de encontrar aves sin dificultad, lo tiene fácil. La mayoría se congrega en torno a nuestros ríos, arroyos o embalses. No sólo podremos observar aquellas que se reproducen en sus entornos, como anátidas, garzas, cormoranes, etc., sino también muchas otras que acuden diariamente a saciar su sed, así como mamíferos, por ejemplo. Sus orillas están llenos de huellas que los delatan. Sobra decir, que son lugares perfectos para una "emboscada", y conseguir algunas instantáneas...

     Pues bien. Los márgenes de los ríos Guadiana y Quebrada, cerca de la población de Lobón (BA), eran un lugar tan bueno como el que más, cercano y que además conocía más o menos de anteriores jornadas. Básicamente, hay multitud de altos eucaliptos en las orillas. El río tiene aquí ya un ancho considerable, no inferior a cincuenta metros. Y el resto de vegetación, es un mar de tierras de cultivo, un puzzle multicolor de parcelas dedicadas al tomate, al maíz, árboles frutales, etc. 


Remanso del río con juncales, aguas tranquilas y poca profundidad.



Primeros movimientos. 


     Quise empezar la jornada en un tranquilo recodo del río. Son lugares donde se puede encontrar a priori, gallinetas, garzas, pequeñas limícolas, y cómo no, anátidas. Siendo más ambiciosos alguna Polluela, los coloridos Morito (Plegadis falcinellus) o el Calamón (Porphyrio porphyrio), nunca se sabe. Y en las grandes arboledas, sentía curiosidad por comprobar, qué aves insectívoras y cantoras se alojaban allí.

     Lo primero que observé, sin embargo, nada más poner pie en tierra, fue un Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo), que me sobrevoló silencioso a media altura, ave también muy común en nuestras aguas interiores. A continuación me quedé inmóvil para prestar atención a los sonidos. Una vez te familiarizas con ciertos cantos o reclamos, descubres que es una manera tremendamente cómoda de detectar aves. Anoté entonces Oropéndolas (Oriolus oriolus), en el fondo de la arboleda, con ese trino aflautado tan reconocible. Lo mismo ocurrió con el Cetia Ruiseñor (Cettia cetti), bien presente como era de esperar, siempre tímido, pero si se tiene un poco de paciencia, termina dejándose ver. Quizás hubiese uno cada cincuenta metros. Así como con las Codornices (Coturnix coturnix)otra constante este verano a primeras horas del día sobre todo.

     Me acerqué a la orilla para buscar con detenimiento cerca del agua, en ambas orillas. Y hubo suerte. Un Avetorillo (Ixobrychus minutus) voló cosa de cincuenta metros a ras de agua, hasta posarse en los juncos a muy poca altura del agua. Había otro próximo, que caminaba y picoteaba en el agua poco profunda. Igual que este último, había otras dos Gallinetas Comunes (Gallinula chloropus), con similar comportamiento. Río abajo y volando a media altura, llegaron dos Pagazas Piconegras (Gelochelidon nilotica), que dieron media vuelta al pasar más o menos por mi posición. Solían volar repetidamente como en bucle infinito, sobre un tramo más o menos extenso del río, dando vueltas una y otra vez.


Primer tramo del río Guadiana al que me acerqué.



     Otros que tampoco faltaron, como era de esperar, eran los Martinetes (Nycticorax nycticorax). Conté hasta cuatro, posados en las ramas de las arboledas, asomados como a balcones al pie del agua. Sus cuerpos blancos contrastaban notoriamente con el verde de las hojas. Y como no podía ser menos, varias Garzas Reales (Ardea cinerea) pescaban tranquilamente donde el agua no cubría. Otras se posaban en los árboles cercanos, en un constante ir y venir.


Una de las muchas Garzas Reales (Ardea cinerea) presentes.
        
Martinete (Nycticorax nycticorax) a pie de agua.




Ahora a por insectívoras. 


     Había consumido la primera hora, y apenas había avanzado distancia alguna. No es que fuese la prioridad, pero tampoco quería perder la ocasión de rastrear y conocer más este área. Así que seguí por la orilla río arriba algunos metros, mientras la vegetación me lo permitió. Para mi decepción, había multitud de basura "dominguera", repartida por todos lados, debajo de los árboles, en el agua, restos de hogueras... Sobran los comentarios. 

     Llegué al poco, a un grupo de eucaliptos imponentes, cuya base estaba perfectamente custodiada por zarzas impracticables. De manera que, viendo y escuchando movimiento en dichos árboles, me quedé a cierta distancia y me oculté aceptablemente entre los matorrales cercanos, permaneciendo en silencio. Tanto la arboleda como los alrededores, dieron de sí bastante, y pude anotar como una docena de especies:

- Mirlo Común (Turdus merula).
- Estornino Negro (Sturnus unicolor).
- Abejaruco (Merops apiaster).
- Martín Pescador (2) (Alcedo atthis).
- Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
- Buitrón (Cisticola juncidis).
- Jilguero (Carduelis carduelis).
- Arrendajo (2) (Garrulus glandarius).
- Bengalí Rojo (Amandava amandava).
- Pico de Coral o Estrilda (Estrilda astrild).
- Golondrina Común (Hirundo rustica).
- Gorrión Moruno (Passer hispaniolensis).
- Pinzón Común (inmaduro) (Fringilla coelebs).

   Algunas notas. Me sorprendió gratamente la pareja de Arrendajos (Garrulus glandarius)De unos años para acá, no lo he observado por ningún lado, independientemente del hábitat, y siempre hablando de la provincia de Badajoz, y de la zona centro en particular, eso sí, que es por la que suelo moverme. Pero lo que me llamó especialmente la atención, fue la presencia destacada del Bengalí Rojo (Amandava amandava), siendo la insectívora más abundante con diferencia, y casi la exclusiva, encontrando contados individuos de las otras especies. Recordemos que esta colorida ave, de origen foráneo (sur de Asia), ha sido incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado por Real Decreto 1628/2011, de 14 de noviembre, estando prohibida en España su introducción en el medio natural, posesión, transporte, tráfico y comercio. Una más de las muchas aves introducidas artificialmente en el medio natural en España, como la Cotorra de Kramer (Psittacula krameri), Cotorra Argentina (Myiopsitta monachus), etc.



Otra arboleda cercana. 


     Me quedaba una última hora por delante más o menos, y a tiro de piedra, otra arboleda que parecía interesante. Tirando de Google Maps, resultó que a sus pies llegaba otro recodo del río Guadiana, así que no me lo pensé dos veces y tomé el camino que tenía al lado, y que me llevaba directo. Por el trayecto, encontré un poste que me indicó que el mismo formaba parte de la ruta GR 114, llamada Camino Natural del Guadiana. Buscando algo de información, resulta que además de ser una ruta que como su nombre indica, va paralela al río Guadiana desde su nacimiento, en la Laguna Blanca (Ciudad Real), recorre nada menos que 1.004 kms, hasta finalizar en Ayamonte (Huelva).


Poste indicativo de ruta GR 114.



     Tras recorrer unos doscientos metros, dejé el sendero y me aparté a la derecha, siguiendo ahora otro de baldosas de cemento, a la sombra de los eucaliptos y separado de la orilla como diez metros. La zona resultó estar repleta de merenderos, todos vacíos, aunque había algún coche cerca. En los árboles, se apreciaban sin esfuerzo, multitud de pequeños nidos, ahora vacíos, y algunos Herrerillos Comunes (Cyanistes caeruleus), saltando de rama en rama. Al avanzar algo más, el recodo de Guadiana que tenía a mi lado, de golpe se ensanchó y apareció en toda su amplitud, cerca de cien metros de ancho. Me aposté en la orilla, donde no tenía vegetación ni obstáculos delante, y tiré de telescopio. No tardé mucho en detectar en la orilla de enfrente, algunos Martinetes (Nycticorax nycticorax), destacando como los anteriores. Pero lo mejor fue divisar hasta tres Garzas Imperiales (Ardea purpurea), en constante movimiento de un lado para otro, con la tranquilidad que le daba la distancia que nos separaba. Fue todo un lujo verlas durante largo tiempo...


Garzas Imperiales (Ardea purpurea) en constante movimiento.

Nidos usados en la arboleda, posiblemente por Gorriones.



     Como no podía ser menos, también andaban cerca sus parientes cercanos, las Garzas Reales (Ardea cinerea). Un bonito desfile de contrastes, el que tenía frente a mi, los plumajes de unas y otras.



Garza Real (Ardea cinerea) algo desconfiada, mirando desde lo lejos.
     

Ahora en video...


     
     La nota curiosa esta vez la puso mi vecino, un pescador que tenía orilla adelante como treinta metros y que, al igual que esta garza, no estaba del todo tranquilo con mi presencia, y vino a saludarme, un escueto: "... Ehhh, hola...", mirarme de arriba a abajo, comprobar con la mirada los bultos que llevaba, e irse por donde vino, sin más. Esto del "pajareo", da para muchas anécdotas, y para un capítulo en exclusiva, al tiempo.



Retorno. 


     Volví sobre mis pasos, prácticamente deshaciendo el camino andado. Todavía expectante ante la posibilidad de que apareciese algún ave interesante, miré a mi alrededor a media altura, en particular sobre el campo de maíz que tenía a mi derecha. Nada. Al pasar sobre la primera arboleda que visité a primera hora, pude escuchar un Busardo Ratonero (Buteo buteo), algo más alejado, cerca del río seguramente. Ese día, no había tenido suerte alguna con las rapaces, ni milanos, cernícalos, aguiluchos... Uhm... No me parecía ni normal. 

     Estaba ya al lado del vehículo cuando caí en la cuenta de que, a cosa de cincuenta metros, había visto nada más llegar a primera hora, un pescador en una charca, y quise acercarme ahora que no se veía nadie. Nunca se sabe. No observé apenas movimiento por las orillas, a pesar de haber abundantes setos, árboles... y flores. Estaba rodeada de grandes matas de flores rosáceas, denominadas Arroyuelas (Lythrum salicaria). En una de ellas observé, algo impresionado, una abeja o avispa de tamaño considerable, como de cinco o seis centímetros, y por un momento llegué a pensar que eran las famosas Avispas Chinas (Vespa velutina). Al buscar información más tarde, averigüé que en realidad se trataba de un Avispón (Megascolia maculata flavifrons), especie totalmente autóctona, aunque no demasiado común. Bastante menos peligrosa, aunque de dolorosa picadura (eso ya lo imaginaba viendo el tamaño).


Avispón (Megascolia maculata flavifrons).




     Ya había pasado más tiempo en aquel lugar del que tenía pensado quedarme, pero me costaba regresar. Como tantas otras veces, esperaba que en el último momento, apareciese lo mejor del día, el suceso inesperado, la cita que sobrepasaba a todas las anotadas hasta ese día. Así que, prometiéndome a mi mismo, que encontrara lo que encontrara, sería poco tiempo ("...diez minutos, no más, una panorámica sobre la orilla del río, lo juro..."), me acerqué justo al lugar de partida de la jornada. Encontré varias Garzas Reales (Ardea cinerea) equidistantes justo en frente, pescando con total tranquilidad. Poco más. Un sol plomizo y un aire tórrido, no daba muchas más opciones, ni a los pájaros, ni a los "pajareros". 




Última foto del día. Fin de jornada.


Todas las fotos de la jornada aquí.